lunes, 9 de julio de 2012

Poema del álamo solitario


(En homenaje a "La balada del álamo Carolina" de Haroldo Conti)

Chopo americano,
Fornido te yergues ante la distancia
Y aunque cerca tuyo
Dos jilgueros pasan enlutados de invierno
Tú juegas burlando a cada estación
Las hojas como barriletes usas en tus ramas
Y en las nubes buscas a otros árboles
En idénticas formas a ti

El bosque hierve en tus raíces
Como la sangre en tu corteza
Y con despecho al paisaje puedes ver
Que aunque la tierra te cubre, también te separa
Lloras cada gota de savia
La lejanía de tus iguales
Pero  alguna vez  de una semilla
Nacerá un pequeño  herbaje como  lo has hecho tú

Álamo Carolina,
En aquellos años
Eras tan feliz sintiéndote árbol
¿Por qué hoy no alcanza con desear ser tú mismo?
La lluvia te ha dejado como espejo un charco
Para mirarte
¿Qué pudieras envidiarle al camino,
Al hombre ó al río?
Aunque temas por cada atardecer solitario
El  tiempo, aquella broma inevitable
Nos llegará a todos por igual

Observa con atención, ilustre álamo
Que tus frutos son tu dulce optimismo
Si tan sólo fueses cuerpo de guitarra
Lo entenderías
Maternal como un eco que resguarda al sonido
Te volverías canción
Serías eterno
Fresca primavera  en boca de niño

Sonríe, antiguo árbol
Tus hojas pronto volverán a reverdecer

sábado, 20 de agosto de 2011

Amanecer portuario

La luz se infiltra entre los bordes de los barcos y el contorno de una figura de mujer se descubre entre proa y proa. Débilmente una lucha se instala por sostenerla a ella allí, entre recortes de sombra. Cuando vuelvo a abrir los ojos ya no está. El sol me quema el iris y mi cabeza late como reloj descompuesto. Estoy planchado, boca arriba, aborreciendo esa ginebra barata que tomé en aquel barsucho de mala muerte del barrio de Flores. Me avivo rápido dónde estoy, no es la primera vez que despierto en el puerto, infectado de ese olor a río de ciudad, que es también cloaca, basura, pájaro, ancla, pescado, pobre, mujer…

Una bocina suena a lo lejos y tiemblo.


Las mujeres: no me interesan más que las putas. A ellas no hay que explicarles nada y bien saben hacerlo a uno gozar de lo lindo, sin decir siquiera una palabra. Por algo Dios trajo al mundo a semejante espécimen. El Jefe un poco la pifió, porque las tendría que haber hecho muditas, muditas. A mí me gustan las prostitutas, sí. Y el ambiente cálido de un bolichito, tomar unas copas con los amigos, escuchar cada tanto algún buen tango ¡Para qué es la vida sino! Ni siquiera con Susana fui feliz. A mí me gustaron siempre las cosas simples, no los entredichos, ni el barullo innecesario. Soy un hombre tranquilo.


Otra vez la bocina de barco y se me eriza el cuerpo entero y una puntada en la cabeza me paraliza. ¿Para qué otro amanecer en el puerto?


Quiero resucitar mi cuerpo, mover el pie, un dedo, pero no puedo. El sol sigue subiendo, es más ágil que yo, también los barcos que flotan amarrados son más ágiles que yo y hasta les tengo envidia. Yo no puedo ser más que esto.


Me gustaría que la vida pase rápido, no quisiera vivir para esperarla. No, no, no voy a pedir más esa marca de ginebra, eso ya lo sé, la próxima con algún vinito de la casa voy a estar bien.


¿Qué día es hoy? Estoy acá inmóvil en el puerto y no sé ni qué día es hoy. ¿Alguien notará que falto? ¿Cuántas veces más voy a volver? ¿Qué hora es?


Susana, ¿Por qué te fuiste?

jueves, 3 de febrero de 2011

Mil caras


Mil caras.


El dado remó hasta hallarse

Cuesta abajo

Eran los conejos otra vez

Llevando el pan, ansiando

La sombra de un pozo, la burla al sol

Aquella vez pensó en encontrarlo

Las águilas

Sobrevolaban su blanco pelo

Allí arriba, devastaban hasta la última carne

Ágiles sus picos

Rezan al dado su quietud

El agua arrastra la suerte de la cría

Frágiles canastas

Y una historia que valía ser contada

Como laberinto de sus huellas

O un espejo

Como puntos finales de ese azar

Que mecía la última calma del río.



martes, 31 de agosto de 2010

Ella Mar


Ella había pensado
El lugar propicio para el olvido

No fue el fondo lo que le preocupó
La estremecía el viento empeñado en alisar su pelo
Temió hundirse con peso con silencio
Espiaba en las profundidades
La libertad de áquel resurgiendo en el gorgoteo
Era verdad que admiraba al aire
¡Sentirse tan pura allí!

A ella le cuesta a veces remangarse
Evitar que el tiempo la salpique dejar secar sus ropas al sol
Desnudar su torso para recordar
La tibieza de su beso en la panza

El escondió su abrazo
Quería sentirse un intangible para amar
Ella guardó arcoíris en sus manos
Aún sin pensar -Si áquel-
Enceguecería por tanto cielo
Se arrepintió al sentirse tan celeste

Se disculpó por cuanto brillo por abundancia
Sonrojando hasta al último clavel
En el jardín de los sueños rozaban sombras
-Hace mucho que no llueve- dijo el hombre de hojalata
Y se miró los brazos quietos

La noche, maldita máquina
Ella sería agua sería olvido al amanecer
No le salió la voz
Las olas consumíanle los pies
Y en sus ojos ya eran miel esos secretos como sus ojos eran color de miel, de él
La arena arrasando con la eternidad
Esperando paciente acertijo
Regresar los años


Ella océano, ella olvido
Y después,
Ó antes del grito
Todo el mar atragantado en su garganta.

viernes, 11 de junio de 2010

Los Tigres


Y sin embargo

Ella sueña

Los tigres la llevaron lejos

Para extraviarle los ojos

Aún se la escucha

Lamiendo en la noche su hueso

Ella sueña

Transpira su sexo

En agradables amarillos

La sequía

El tiempo es la debilidad

Aún se le nota

A él en su grito

Sueña

Queman en su rostro

Áridos rehenes

En el cuello sogas

Él en su recuerdo



Su propia voracidad la halló

Malgastada la mirada

La cena se sirvió:

Fueron carne de animales

Al calor

Roídos

Devorados.




domingo, 21 de febrero de 2010

Principiantes


En su serpiente los brazos
No resistió al dejarla
Enroscándosela en la cintura midió sus muslos
Dormían violetas en su pecho
Cuando en un banco de plaza sus risas
Volviéronse canciones
Eran pájaros

Pensaron nombres para sus manos
Un abecedario de roces
Evitaría decirse las ganas de estar juntos
En la oscuridad rondaba
Un silencio dactilar
Cual conjuro de dedos

En sus ojos la encontró
Habitando en su mirada desde hacía siglos
Su boca instaló
Una brisa de hielo
Quiso besarla en el primer color del invierno
Cuando pudiera sentirle el frío a la soledad

Los labios como bufandas
Vueltas y vueltas giraron
Alrededor del cuello
Anhelando primaveras se borronearon
Volviéronse pinceles
Bajo un cielo que era de ellos
Pintaron pájaros
Jaspeado de sonrisas
Y entonces,
Fueron principiantes
Fueron
Amanecer.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Las Alas


El viento en las mejillas
La coloreaba de cerezas
Ya antes había sentido escapársele
Mariposas de las manos

Dos alas en la espalda
Eran simple majestuosidad
Que el tiempo aceitaba a sorbos
Como a la melancolía
Pero no había polvo de estrellas para la libertad

Sin embargo, magia era
La naturaleza de ese cielo verdecido
-Todo es sus ojos- se dijo
Cuando se acabó el bosque

En la terquedad de un ángel castrado
Se decidió una noche a correr
-¡Si tan solo estas alas me sirvieran!-
A cada brillo en el cielo le rogó
Un amor con cada luna nueva
¡Pero quién dijo que el amor la elevaría!

domingo, 2 de agosto de 2009

Comedor Vecinos Solidarios

Este es el video que hicimos para el Comedor Vecinos Solidarios de la Localidad de Quilmes, provincia de Buenos Aires, para poder darlo a conocer y conseguir toda la ayuda posible para ellos. ¡Agradezco la difusión!
Hacer un click en la imagen para verlo

Los chicos en dos ruedas

A ellos los pies se le enredan en pedales
Raspan sus dedos arañazos de animal
Con la dificultad de moverse en dos ruedas
En una calle de tierra
Cuando las piedras interrumpen un camino que finalmente se pierde

Sentirse allá arriba
Como el equilibrista que especula una caída olvida su vida
Aquí es no saltar
No tener que rozar las plantas de los pies en el barro
Como si el negro quitara claridad a los rostros del lodazal
Y sus manos se fueran como el agua desbordada del río
Cuando acurrucarlos es saber que hay más que tierra y agua en sus sonrisas

Y es que ellos también quisieran pintar con colores
Puertas y ventanas
Una casa de papel
Tener una tijera que recorte lo que les toca vivir
Anhelar alguna vez un vacío en el silencio de las cosas
Un espacio ajeno para poder jugar o ser niños

Y así los vemos con sus ojos apretados
Aunque no hay nadie en la entrada junto a la casita de papel
Se han repartido lápices en todos los bolsillos de quien quiera ver
Entonces, sin daltonismo
¡Quién no pudiera ayudarlos a dibujar!
¡Quien no pudiera enseñarles a andar en una bicicleta de cuatro ruedas
Antes de largarlos a la calle con dos ruedas menos!

sábado, 27 de junio de 2009

Mira


Mira,
Los ojos que ven la línea del horizonte
Un oscilante ocaso de quien todo lo calla
En el camino de los pies exhaustos
Es preferible andar descalza
Es preferible pisar livianos colchones de flores
Que el viento ha atolondrado en su ansia de encontrar la primavera

Tan solo mira,
En la cintura un pulover bordado se resiste a soltarme
Son violetas o tus manos
O mi ombligo buscando el roce cálido
De un sol que jovial nocturna
Y me unto de barniz el cuerpo
En una capa transparente me miras,
Todavía me miras
Aquí, resguardada de esta lluvia de invierno
Olvidando la rugosidad del abrigo

Puedo dormirme imaginando
Tu nombre pronunciado
Empañando en mi boca tu aliento
Acusando la dulzura en tu lengua
Entre enfrutados caramelos
Cruzando puentes
Entre tus dientes y los míos

Y luego,
En el sueño que despierto
Enmaraño el recuerdo de lo que no supimos
Repeliendo mis ojos
En el apaciguar de la ceguera
Entre océanos que tragan miradas
Te entiendo solitario:
En el cuerpo que no guarda promesas
Juntando nuestras manos
Sin mirarme me miras.

lunes, 8 de junio de 2009

Boca Abajo

Empapada de brisa con cálido sabor a juego
Y en la mesura con que se arqueaban los rizos de mi pelo
Boca abajo
Veía al mundo debatiéndose en juiciosos pastizales
E inocentes aromas me enredaban
Hasta en la última piedra durmiente de la serranía
Y reía a veces, sólo a veces y a escondidas,
Pero callaba luego
Para no abusar de un nombre
Interminable repetido en cada labio

Boca abajo
El iris rozando el piso
El cuerpo esposado a lo ancestral de la tierra
Mejor es no saberse desahuciada
Entre agradables margaritas que se desarman ahora
Aunque el valle anuncie en eco un vacío
También hablaríamos, sí amor, de la soledad
Si lo quisieras/ Si no lo quisieras

Pero el sol se fue
Y quedaron
Los pétalos apretados en la mano
y unos ojos empolvados de olvido.

lunes, 1 de junio de 2009

Como agua escurriéndose...

Como agua escurriéndose entre tules
Rozando lo impalpable amarillo
Y hasta en la cercanía del pulgar y el índice
Queda el agujero por donde echar todo a perder

Sostuve el tiempo equilibrando entre mis manos
Pero hasta la débil lámina de las uñas crece
Y ya no me quedé esperándote
Como a una lluvia melancólica de marzo

Que la luna desaparece en breve
Y yo ya no quiero lo poco
De menguantes y crecientes fases
Como nochar sin flores abiertas

¿Quién quedó?
Sólo el silencio se pasea aureado
Y ya no encuentro una sola estrella
En donde pueda colgar tu nombre.

Foto de Sebastián Gutnisky http://sebagutnisky.com.ar/

sábado, 9 de mayo de 2009

La plaga

Dejaste la ventana abierta.
No consideraste que afuera hay árboles, ¡tendrán como treparse!
Sus ágiles patas marcharán pegadas por nervaduras de hojas, arrastrándose por horas.
Aquí, en la noche de las estrellas, puedo entretenerme contando animales de algodón, escondidos tras las nubes, esperando saltar cuando me duerma.
Me acurruco en la copa desnuda, aquí me encontrarán despierta.
Que no me venza el sueño.
Me devorarán, aunque les grite que yo no existo

lunes, 4 de mayo de 2009

POESÍA Y MÚSICA

Hace poco tiempo, quise escribir una canción.
Empezar de cero, era algo difícil: saber de qué forma abordaría este mundo musical desconocido. Lo primero que me intrigó fue el tipo de lenguaje que utilizaría (¡cón qué comparar si uno se acostumbra a no escuchar las letras de las canciones actuales!). Investigando, encontré el libro Guitarra Negra, de Luis Alberto Spinetta, un libro de poesía que se había editado en 1978.
Me pregunté, ¿por primera vez, la poesía primero, luego la canción?. Realmente me gustó: en ese momento entendí que era posible que las dos artes fueran de la mano y empecé a pensar que el músico podía haber sido primero un poeta y por qué no también, que un poeta podía querer volverse músico alguna vez.

Y así fue que surgió, ésta es la música que salió de tanto colorido...

Recuerdos en los zapatos

En pisos de mármoles fríos
Conocimos delicadas ambiciones
Ínfimos pulgares
Jugando juegos chinos
Y nunca supe que llegaras tan lejos

En una mano cabía todo un mundo
De rincones y fantasmas blancos
Tus dientes de leche
Y margaritas
Colándose en lo oscuro
De lo noctámbulo

Recuerdos en los zapatos
Y aquellas sílabas
Que odiaste pronunciar
En la tierra húmeda
Mis pies ya no buscan
El tesoro perdido
En baúles sucios
No hay sorpresas ocultas
Ni en bolsitas de cumpleaños

Ahora la claridad enceguece y duele
Y la gente no entiende
De recuerdos y flores
De silbatos que anuncian
Gritos de lobo solitario.

Hay piñatas que explotan
De tan llenas que dan asco
Huesos en el piso
Una niña ingenua
Relojes atrasados

Recuerdos en los zapatos
Y aquellas sílabas
Que odiaste pronunciar
En la tierra húmeda
Mis pies ya no buscan
El tesoro perdido
En baúles sucios
No hay sorpresas ocultas
Ni en bolsitas de cumpleaños.

Recuerdos en los zapatos…
Recuerdos en los zapatos…

Ahora que pesan tanto los años
Quisiera ayudarte
Pequeña mujer
Con tus cordones desatados.

viernes, 6 de marzo de 2009

La forma que vengo buscando


La forma que vengo buscando hace tiempo
Ya no se asemeja a nada, ni a ningún otro, ni a ninguno.
Si hay noche
Me es imposible rastrearte entre las sombras
De una ciudad hastiadamente dormida
Consumida hasta en el último farol de sus calles insonoras.

¿Qué es la intempestad a esta hora?
¿La intolerancia de un cielo opacado?
Es igual:
Crucémonos de piernas y callemos
Es mejor el silencio a esta falta de claridad. A esta falta.

El amanecer no llega y no reniego
Pero si hoy te busco asomada a esta altura
Es porque en la ventana el tiempo se resbala en los balcones
Y los segundos caen contentos de un suicidio añorado
Prefiero
No gastemos las horas reservadas
Los créditos de la felicidad se acaban
Como en este breve llamado.

No es tu voz a la distancia
Tu voz dejaría retorcerse hasta la última despedida
Y la escucharía aunque habitara en los ecos
De estos techos de casa antigua.

Me agrada tanto tu voz que la aguardaría
Hasta miles de amaneceres similares
Hasta entroncar la calle que corta estas palabras.
La esperaría paciente
Vos sabés, la esperaría.

Pero la otra ya no es tu voz.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Un tiempo con Alicia

Como Alicia busco la forma de salir de este agujero en el tiempo. Los relojes caen nostálgicos en picada y aunque intente llegar antes que las horas, resbalo periódicamente hasta toparme con una profunda incertidumbre.
Me siento pequeña sentada sobre este oscuro mobiliario y acurrucada entre estas cinco paredes, quiero descansar. A mis pies se extiende un inmenso tablero de ajedrez que confunde irresuelto, sin caballos ni reyes ni alfiles disputándose el juego. Sólo atino a exigirle a Alicia su mano, comportándome como si fuese yo la menor de las hermanas, y deslizándome entre los casilleros, me veo multiplicada en los ocho peones faltantes, pero avanzo.
Caminamos hacia un bosque. Bajo los árboles, tres locos toman el té y creen usar adecuados sombreros para la ocasión. Al ring-rang y al tic-tac, con un reloj de mano, el chiflado más colorido anuncia un cambio de lugar cada minuto.
Al principio dudo: -¿Volveré a ser yo la misma cada vez que vuelva a sentarme?-
Me acomodo en la silla pero no, nunca el silencio, esa máquina de medir que no cesa de sonar, ¡cómo si la vida fuese sólo arena que se cuela en un embudo y monedas que contar!
Negada, giro sobre la mesa y ocupo el lugar de la Liebre de Marzo. Es el lugar del no-poder, cuando observo la taza y me percato de que en su interior ya no queda más té ni vino. Aprovecho entonces el vacío:
-Alicia, no sé vivir de otra manera que no sea jugando- le lanzo temerosa y enseguida cambio el rumbo de la conversación:
-¿Qué es, qué es, algo que no tiene cabeza ni pies?-
Si Alicia se aburre es porque no conoce ninguna respuesta para este mundo de escasos momentos. Se lo hago notar, pero Alicia nunca intenta. Entonces y para dejar intacto su orgullo, ella se levanta y saca su cuerpo de este país, metiéndose en el tronco del árbol por donde alguna vez entró.
-¡Alicia!- alcanzo a gritarle a lo lejos, pero olvido que siempre llego tarde y entonces no puedo verla desaparecer entre las ramas de un obeso palo borracho, que a la postre me sonríe como si hubiera terminado de tragársela.
-Alicia... si hubieras tenido un poco de imaginación hubieras podido quedarte-

Tanto me gustaban las adivinanzas, pero mírenme ahora convertida en bufón.Vivo en un hermoso jardín, en un lugar en donde puedo pasar las tardes tomando el té con la reina de copas, temiendo siempre ser decapitada.

domingo, 4 de enero de 2009

El Pan Nuestro/ Our Bread

Entre migas dispersas me recojo en tus ojos/ Among scattered crumbs I seclude myself in your eyes
Como pájaro habituado a cada ración/ Like a bird used to each feeding
En picos cerrados maldicen silencios / Closed beaks silently cursing
Sus ágiles melodías evitan entonar falsos crepúsculos. / Agile melodies avoiding false sunsets.

Y es tan básico esto de tenerte/ And this business of having you is so basic
Torcer a cada paso espigas de trigo / Twisting ears of wheat at each step
Abriéndose de piernas / Opening my legs
Ante soles que gozan de este sudor. / To suns that enjoy this sweat.

Te pido dame de comer / I beg you, feed me
Cada una de las frutas / Each of the fruits
Que no arrancaste por miedo / You didn’t pick for fear
A dejarnos desnudos. / Of leaving us naked.

Se acercará el otoño / Autumn will approach
Nos quedaremos sin ganas de caer / We will be left without the desire to fall
Sin ganas de trepar enredaderas de cielo / The desire to climb the sky’s ivy
Para después besarnos tiritando / And then kiss each other while we shiver
Entre humos de agua. / Among the water-smoke.

Te lamentas injustamente en la flor / You unfairly regret the flower
Que desconoce su árbol / That fails to know its tree
Y yo aquí perdida en girasoles que estorban con sus tallos / And I’m here, lost among sunflower stalks
Y vos que no has venido aún a rescatarme. / And you still don’t come to my rescue.

Translated from the Spanish by Laura Chalar

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Nombres

En la casa de geranios rojos que ya no visitaba, se abrió súbitamente la puerta y un hombre de rostro conocido y calvo me invitó a entrar.
-Adelante, pasa por aquí, Ornella- dijo cortésmente con un tono familiar.
-Disculpe Señor, estará confundido, mi nombre no es Ornella- atiné a decirle lo más rápido que pude, corrigiéndole el nombre y un poco molesta por no haber sido reconocida.
El hombre levantó sus gruesas cejas blancas y mirándome fijo, agregó:
-Voy a llamarte así cada vez que lleves ese rostro de animal rabioso- dijo secamente, curvando sus ojos hasta quedarse casi bizco.
-En este momento, por ej., voy a decirte Natalie, porque tienes el rostro desorientado – gruñó crujiendo los dientes, haciendo un ruido que tanto me molestaba.
Callé primero ante el autoritarismo de ese hombre.
-¿Por qué puedes ponerme el nombre que te plazca?- Continué preguntando ofendida, ya tuteándolo.
-Siéntate Zelmira en este sillón, estarás más cómoda aquí, aquel ya ha perdido los resortes y la tela está vieja de tanto uso. Mírate mujer, te ves tan cansada- agregó.
Me irritó la insistencia de ese viejo que nada sabía de mí y se creía con derecho a nombrarme. Quise ponerlo a prueba y para desafiarlo, continué de pie y luego de un rato que estuve en silencio, buscando las palabras justas, dije:
-¿Cómo me llamarás cuando venga a vos llorando?- pregunté.
-Te llamaré por tu nombre- añadió con total seguridad.
-¿Y cómo me llamarás cuando muera?- recalqué furiosa.
- Ya no te llamaré, haré silencio- Volvió a contestar el viejo.
El hombre respiró hondo, se dejó caer en un sillón y parecía haber entristecido. Me confundí entonces al mirarlo a la cara y empecé a impacientarme, pero ya no pude frenar mi malestar:
- No tiene caso, ¿Quién te hace pensar que puedes llamarme a tu antojo?- volví a enfrentarlo con ese rostro de Ornella que tanto odiaba en mí.
- Sé nombrar lo que es- dijo y al sonreír apareció en él un rostro de paz tan distinto a su rostro, tan fuera de sí.
- Quisiera descansar un rato mis rodillas, si no te molesta niña. Puedes irte ya, pero por favor sécate antes esas lágrimas, que nada es tan grave como morir, Yanina- Dijo tiernamente y me dio un beso en la frente.

Names

At the red geranium house I no longer visited, the door opened suddenly and a bald man with a face that looked familiar asked me in.
–Come in, please, Ornella– he said politely.
–Excuse me, sir, you must be mistaken… my name is not Ornella– I quickly said, correcting him and a bit annoyed at not having been recognized.
The man lifted his thick white eyebrows and, looking at me hard, replied drily:
–I’m going to call you that every time you wear that enraged animal expression– and his stare turned into what was almost a squint.
–Now, for example, I’m going to call you Natalie, because your look lost– he grunted, grinding his teeth with a noise that made me cringe.
I was struck silent by the man’s authoritarianism, but then went on, addressing him by the informal tú:
–Why would you be able to give me any name you chose?–. I was offended.
–Sit on this armchair, Zelmira, you’ll be more comfortable – the other one’s springs are all broken, and its cover is worn with use – look at you, woman, you look so tired!
I was irritated by the insistence of that old man who knew nothing about me and yet thought he had the right to give me a name. I wanted to challenge him, so I remained standing; and after a few moments in silence, searching for accurate words, I asked:
–What will you call me when I come to you in tears?
–I will call you by your name– he replied confidently.
–And what will you call me when I die?– I continued furiously.
–I will not call you anything; I will be quiet– answered the old man.
He took a deep breath, let himself fall into an armchair, and suddenly looked gloomy. Looking into his face, I was confused and impatient, and could not restrain my unease any longer:
–This doesn’t make sense. What makes you think you can give me names at will? – and again I confronted him with that Ornella face he so hated in me.
–I know the names of things– he said, and when he smiled there appeared a peaceful expression, so different from his usual ruffled one.
–My girl, I would like to rest my knees a little, if it’s not too much trouble. You can leave now, but please dry those tears before you do; nothing is as bad as dying, Yanina.
And he tenderly kissed me on the forehead.



Translated from the Spanish by Laura Chalar

lunes, 10 de noviembre de 2008

En la noche


Nighttime

The night clamored to be real.
An Easter rabbit sat on my knees. I stroked him weakly, barely touching him.
Around us, between orange cocktails, the tigers played Russian roulette with dice. Life was tossed in the air, staked on little cubes.
A few minutes had passed when one of the tigers lamented:
–Gentlemen, this is not my lucky night, I’ve scored a three–. He was crestfallen.
An agonized whispering spread out and continued for a long time.
The rabbit hopped away, and I crouched like a feline and sprang upon the dice. I had watched over that number for a long time, concealing it under my ribs. My instinct made me feel it belonged to me after all.
The tiger looked me up and down, his sharp teeth showing.
–What good is your number to me if I’m already dead?– he roared.
His strong breath messed up my braids. I was annoyed by his lack of manners. I do not usually shelter things in my body; maybe that is why his roaring irritated me so much.
–Incivility has reached the jungle!– I said indignantly.
I decided to sit outside the circle of animals. No one noticed.
Lights zigzagged in the sky. They didn’t burst, didn’t make a sound.
Just as I had dreamed it, once.
The silent night gave me a knowing smile.
And me, I was trying to find you among the stars scattered on the ground.
I searched and searched.
Until I opened my eyes.



Translated from the Spanish by Laura Chalar

domingo, 2 de noviembre de 2008

La intolerancia del otoño/ Intolerance of Autumn


En la intolerancia del otoño / In the intolerance of autumn
En la inexacta adultez de un árbol / In a tree’s inexact adultness
En la melancolía de un cisne / In a swan’s melancholy
Me comparo. / I compare myself.

En el espacio helicoidal entre mis dedos / In the helicoid space between my fingers
En la genitalidad de la abertura entre mis piernas / In the sexual cleft between my legs
En la fina soga amarrada a mi ombligo / In the thin cord tied to my navel
Me comparo. / I compare myself.

En la injuriosa cobardía de la luna / In the moon’s injurious cowardice
En el ego arremolinado del sol naciente / In the rising sun’s swirling ego
En la incestuosa cara que muestran los astros sin anillos / In the incestuous face of ringless planets
Me comparo. / I compare myself.

En la zona eólica del silencio / In the eolic zone of silence
En la pasiva interrogación de algunas miradas tristes / In the passive questioning of some sad looks
En la soledad de la sombra / In the loneliness of shadows
Me comparo. / I compare myself.

En el barrer helado de la muerte / In death’s icy sweeping
En el oscuro aposento de la pérdida / In the dark chamber of loss
Me resisto / I resist
Me vuelvo a buscar en lo que soy. / And seek myself again in what I am.
Translated from the Spanish by Laura Chalar

En el pozo



Un pozo ciego habita en mí.

Un grito agudo emerge
Y escucho un eco retumbando
En un compás cada vez más lejano:
-Se escapó la niña que fui-

Una mujer encorvada me secunda
Lleva las manos escamadas
Los peces de colores muertos
Flotan en un estanque
Casi vacío
Buscan confundirse en el esqueleto frágil
De esas manos rayadas.

Siento humedad
Paredes que envuelven
Un túnel concéntrico
No es fácil ser yo una y mil veces
Reducida a un círculo
Limitada a ser sólo una figura geométrica
En este estrecho espacio.

Un último reflejo de luna
En el agua turbia
Me veo desnuda
Me miro las manos y descubro
Que sólo me quedó la mugre en las uñas.